Entrevista a Borja Vaz, autor de Las Brumas del Olvido

¿Quién es Daniel Van Servak? ¿Cómo lo definirías?

Daniel Van Servak es un personaje dividido y enfrentado entre dos naturalezas opuestas. Por un lado es un chico de 17 años muy sentimental, con la cabeza y el corazón lleno de imágenes sobre cómo tienen que ser las cosas y repleto de emociones viscerales. Por otro es el avatar de la violencia, una máquina de matar templada al rojo vivo durante diez años de entrenamiento brutal, que encuentra un placer prohibido en el fragor de la batalla. Cuando los hechos se desarrollan de una forma que no ha previsto le cuesta mucho amoldarse a la realidad. Tiene unas ideas muy concretas sobre cómo tiene que ser el mundo y la gente, y conocerlo de primera mano le causa un conflicto que no esperaba. Su idealismo exagerado le impide juzgar bien a la gente y al mundo y le ocasionan unos errores de cálculo de consecuencias inesperadas.

¿Con qué otros personajes comparte protagonismo?

La novela sigue el punto de vista de varios personajes con la misma importancia que Daniel. Uno de ellos es Shagel, soldado de Willar y que aparte de su destreza en el combate no tiene absolutamente nada en común con Daniel. Es un hombre apaleado por vida en una eterna búsqueda de algo por lo que merezca la pena seguir viviendo y restaurar su fe en el mundo. Nociones tan altas como el honor, la gloria o el amor supremo son capitales para Daniel, pero para él no son mas que palabras vacías desprovistas de significado. Sin embargo al encontrar un sentido a su existencia se convierte en una persona diligente, decidida y dispuesta a marcar la diferencia. Victoria es el gran personaje femenino de la novela, la que posee mayor profundidad psicológica y cuenta con un pasado más traumático. Su irrupción no deja indiferente a nadie y la voluntad para seguir los dictados de su corazón y sobreponerse a la dura realidad que le ha tocado vivir es lo que la define.

¿En qué escenarios se mueven?

La novela está ambientada en una Edad Media más o menos mítica y la verdadera naturaleza del mundo es uno de los misterios que se resuelven hacia el final. En ella nos encontramos tres escenarios principales: el País Maldito bajo el régimen militar de Diablo,la Frontera con Willar y su impresionante baluarte de contención, y la gran ciudad de Akkad, la capital del mundo conocido. Esta última es de largo el escenario más complejo de la novela y donde se desarrolla gran parte de la acción. Es una ciudad gigantesca, de varios millones de habitantes, con una antigüedad de milenios que se pierden en los albores de la historia. La ciudad cuenta con varios estratos que cubren desde la miseria más absoluta hasta el lujo y boato más exagerado, con un castillo más grande que muchas ciudades. A pesar de las torres y baluartes que se levantan por doquier por todo el horizonte, los más terribles secretos de la capital se esconden bajo tierra, en varios niveles de ciudades sepultadas una encima de otra.

¿Cómo está estructurado el libro y a qué público va dirigido?

El libro está estructurado en cinco partes: Hallazgo, Lucha, Exilio, Tentación y Holocausto. Cada una de las partes tiene una temática muy concreta marcada por el devenir de los acontecimientos. Cada temática a su vez se ajusta a un recurso estilístico concreto, ya que también el foco sobre los personajes va cambiando de una parte a otra. Así por ejemplo la primera parte, Hallazgo, está narrada en primera persona por Daniel, y se nos presenta el mundo a través de sus ojos. Sus acciones son las que ponen en marcha toda la historia. Él es el catalizador de todos los acontecimientos y es necesario que el lector entienda muy bien sus motivaciones. En la segunda parte ya se pasa a un narrador omnisciente en tercera persona que dura el resto de la novela. Todas las piezas ya están colocadas sobre el tablero y empiezan a moverse. Aquí se sigue muy de cerca a Shagel, un personaje que contrasta mucho con Daniel Van Servak y que nos permite verlo con los ojos del mundo. La novela es al fin y al cabo una historia de unos personajes, cómo son y cómo interaccionan. Esa es mi principal motivación y cambiar el punto de vista me permite ofrecer una observación más completa. Aunque el protagonista es Daniel, los demás personajes principales tienen tanta importancia como él, así que se puede hablar de cierto protagonismo coral.

Sobre el público al que va dirigido no tengo una respuesta muy concreta. Los personajes principales son gente joven, recién salidos de la adolescencia, y con esa edad escribí yo el libro. De todas formas, el tono grave y la dureza explícita de ciertas escenas no creo que lo hagan apropiado para gente que no posea cierta madurez. Creo que los personajes son los suficientemente complejos como para atraer la atención del lector de todas las edades. El emplazamiento fantástico no tiene por qué alejar a nadie, ya que no hacen acto de presencia elementos propios del género (ni magia, ni criaturas fantásticas de ningún tipo).

¿Cómo fue el proceso de creación de tu obra y de dónde surgió la idea?

El día de Navidad del año 2004 terminé de leer Olvidado Rey Gudú, la gran novela de Ana María Matute. Había devorado el casi millar de páginas en apenas unos días y la impresión fue tan fuerte que me conminó a ponerme delante del ordenador y empezar a escribir de inmediato. La historia de Olvidado Rey Gudú es increíble, pero son sus apasionantes personajes y la grandeza de la redacción lo que me empujó de forma explícita. Después de leer semejante tragedia estaba hecho un torbellino de emociones, pero había una que sobresalía por encima de todas, aquella que el Rey Gudú no podía experimentar: el amor. Durante cientos de páginas Matute priva al lector de este tipo de sentimientos. Hasta el capítulo XIV, Las Raíces del Agua. La historia de amor entre la princesa Tontina y el príncipe Predilecto posee tanta fuerza que se convierte en el pináculo de la novela. Yo quería hacer algo semejante. Y a ello me puse.

Escribí cinco horas sin parar, y de ahí salieron las primeras quince páginas del libro. Recuerdo muy bien que me puse a las seis de la tarde y acabé a las once de la noche, sin levantarme de la silla en ningún momento. Cuando terminé ese primer capítulo supe que tenía algo grande entre manos. No sabía qué me iba a deparar el camino, pero estaba ansioso por descubrirlo.

La historia de Las Brumas del Olvido es la historia de cómo yo, Borja Vaz, aprendí a escribir una novela. Hasta entonces me había limitado a hacer relatos de unas pocas páginas. Aquello era completamente diferente, y pronto me di cuenta de que tenía que acercarme al proceso de escritura con más profesionalidad. Compuse una ficha para cada uno de los personajes principales donde detallaba sus virtudes y defectos, su apariencia física, sus habilidades, sus maneras de expresarse, etc; realicé un esquema del desarrollo de toda la novela, estableciendo claramente los puntos de giro y la división entre los diferentes actos; planteé el final hacia el que tenía que converger… y empecé a escribir.

El proceso de redacción duró tres años, aunque lo dejé aparcado en bastantes ocasiones. Me di cuenta de que cada vez iba escribiendo mejor. Terminé el colegio y entré en la universidad, y aunque tampoco tuvo un impacto terrible al principio, sí es verdad que empecé a leer mejor. Mejores libros y de mejor manera. Empecé a leer como un escritor y a fijarme en los intríngulis de la redacción. Las clases de escritura de la universidad me sirvieron para pulir mucho mi estilo. Antes pensaba que cuantos más adjetivos y palabras rimbombantes tuviera un texto, mejor sería. Y me dedicaba en cuerpo y alma a hacer párrafos farragosos, usando casi siempre la voz pasiva, colocando el adjetivo antes del nombre y muchos recursos baratos más.

Cuando terminé la cuarta parte del libro sufrí una especie de bloqueo. Había cerrado bastantes subtramas, pero la historia exigía volver a la trama principal, y cerrarla con éxito era el mayor desafío de todos. El final llevaba planeado desde hacía tres años, pero me esperaba una tarea monumental, ya que debía concretar varias docenas de referencias culturales que había cosechado en mis ejercicios de documentación durante varios años. Era una tarea ingente que exigía mucha concentración.

Así que decidí enterrarme una semana en un monasterio de monjes benedictinos. Y escribiendo cinco horas al día conseguí redactar la quinta parte al completo. Fue un triunfo personal enorme. Lo había conseguido. Había terminado mi primera novela con 19 años. Y no una novelita cualquiera, sino un novelón de 500 páginas. Estaba seguro ya de que podía ser escritor.

Aquel estado de euforia me duró tan solo unos pocos días. La depresión post-parto me asaltó por sorpresa al tratar de leer todo desde el principio. Era muy evidente que aquella era una novela de aprendizaje. Conforme pasaba las páginas no estaba solo mejor escrita, sino que denotaba mayor madurez a la hora de afrontar las situaciones. Era una buena historia y eran unos buenos personajes, pero la novela en sí estaba demasiado desequilibrada por el tiempo transcurrido durante su redacción. Había piezas que no encajaban y toda la historia clamaba por una reescritura que en aquellos momentos era completamente incapaz de acometer. Así que cogí el mamotreto y lo metí en un cajón. Y me olvidé de él.

Cuatro años más tarde di con la página web de Ediciones Atlantis por casualidad y al ver que ofrecían la posibilidad de mandar el texto por correo electrónico decidí probar suerte, aunque estaba convencido de que no la habría. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me llamaron tres meses después. Les había gustado y querían publicarla. No me lo podía creer.

Tan solo les puse una condición. Necesitaba tiempo para remodelarla. No me pusieron ningún problema y, bisturí en mano, me enfrenté a la labor de eliminar impurezas. Tras una serie de jornadas maratonianas conseguí terminar la tarea. Durante el tiempo en que la novela había permanecido en hibernación yo había terminado la carrera, había leído muchísimo más, había escrito otra novela y varios cuentos. En definitiva, era mejor escritor.

Había llegado el momento de publicar Las Brumas del Olvido.

¿Qué referencias literarias, culturales o personales crees que han podido plasmarse en “Las brumas del olvido”?

La referencia literaria por antonomasia de Las Brumas del Olvido es Olvidado Rey Gudú, la gran novela de Ana María Matute. Lo digo a cada oportunidad que tengo porque si bien la historia no tiene mucho que ver más allá del mismo emplazamiento medieval mítico, fue ese libro el que me conminó a escribir la novela. En un principio su influencia era muy acusada en mi estilo, pero conforme he ido madurando mi interés se ha ido dirigiendo más y más hacia la narrativa contemporánea de autores como Michel Houllebecq, Jonathan Franzen, Chuck Palahniuk, A.M. Homes, Ian McEwan, Martin Amis… De todas formas el cuerpo del texto ya estaba escrito antes de que leyera a todos esos autores, así que tampoco se nota mucho, pero fueron una gran ayuda a la hora de revisar el texto, siendo más directo en los diálogos y quitando redundancias. Supongo que me influenció mucho la obra de autores de narrativa histórica a la hora de abordar las descripciones como Jesús Sánchez-Adalid, Robert Graves, Gisbert Haefs, Robert Shea… De narrativa fantástica propiamente dicha no puedo nombrar realmente a ningún autor ya que por entonces no había leído ni a George Martin ni a Andrezj Sapkowski, y la verdad es que no pensé enla Dragonlance ni por un momento. Puede que tenga algo de El Señor de los Anillos, pero tampoco pensé mucho en Tolkien mientras escribía.

Igual de importantes que las influencias literarias son las musicales. Siempre escribo con música, y selecciono muy cuidadosamente lo que escucho porque las emociones que me transmite se meten de alguna forma en el texto. Recuerdo que para la gran batalla de la novela escuchaba una y otra vez la banda sonora de Gladiator, de Hans Zimmer. Y luego metal, mucho metal: Nightwish, Moonsorrow, Ensiferum, Primordial, Agalloch, Amon Amarth, Swallow the Sun, Draconian, Therion… Su influencia es tan grande que de hecho uno de los momentos cruciales de la historia (el asesinato de cierto noble) fue inspirado por la desoladora The Dreadful Hours de My Dying Bride y un episodio hacia el final está dedicado al Twilight of the Thunder God de Amon Amarth. De todas formas Ghost Love Score de Nightwish y Haaska de Moonsorrow son las dos canciones que más han influenciado la historia en su conjunto. Esas dos composiciones forman la banda sonora del mundo que he querido construir para Las Brumas del Olvido.

Por último el tercer pilar de las influencias culturales pertenece al heterodoxo mundo de los videojuegos, y es de justicia colocarlos donde se merecen, junta a la literatura y la música. A lo largo de todo el libro me he permitido hacer referencias a varios videojuegos de una forma que resulta tanto un guiño como un homenaje que los aficionados captarán al instante. Pero la influencia de las historias interactivas va más allá. A la hora de imaginar los escenarios de la ciudad de Akkad me fijé mucho en la imaginería y los concept arts de los Prince of Persia, con esas construcciones míticas, esos rascacielos de tiempos remotos que desafían las leyes de la gravedad y se erigen totalmente imposibles. Para los niveles subterráneos del castillo, las mazmorras yla Necrópolisme fijé mucho en los escenarios de un juego muy bueno pero poco conocido, Dark Messiah of Might and Magic. Me sobrecogía la noción de grandes bóvedas subterráneas, mazmorras milenarias que se introducían en las entrañas de la tierra y que provocaban una asfixia creciente, como en los cuentos de Lovecraft. La saga Elder Scrolls y su particular hermandad oscura, The Legend of Zelda y sus clásicos planteamientos atemporales, Onimusha 3 y su impresionante introducción CGI, etc. De una forma u otra esta afición ha conseguido penetrar en la novela, enriqueciéndola y otorgándole más profundidad.

¿Cuáles son tus próximos proyectos como escritor?

Tengo mi segunda novela terminada desde hace un par de años y tan solo estoy esperando el momento adecuado para publicarla. Es una pequeña historia de andar por casa, muy lejos de la ambición que desbordaba en Las Brumas. Estoy preparando también una compilación de cuentos que he ido escribiendo a lo largo de los años, pero es un trabajo lento y complicado. Por último, estoy planeando una novela de ciencia ficción. Es un terreno muy novedoso para mí ya que aunque he leído muchísimo sobre el género, nunca he escrito nada que suceda en el espacio. Mi intención es hacer una Space Opera juvenil, fresca, divertida y sin muchas pretensiones. Ya veremos dónde acaba todo.

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Un comentario

  1. […] ENTREVISA A BORJA VAZ Comparte:FacebookTwitterLinkedInCorreo electrónicoMe gusta:Me gustaSé el primero en decir que te gusta esta post. Esta entrada fue publicada en Publicaciones y etiquetada Borja Vaz, Editorial Atlantis, Las Brumas del Olvido por Alfredo Paniagua. Guarda enlace permanente. […]

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